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La Construcción del Inmueble

texto fundacional    El origen histórico de este inmueble se remonta a 1764, momento en el que el vicario don Juan Antonio del Peral y Buenrrostro solicitó permiso al Obispo de Córdoba, don Martín de Barcia, para la construcción de un Colegio de Niñas Educandas en la villa de Montoro, colindante con la ermita de San Juan de Letrán: “…ha resuelto establecer en el santuario de Señor San Juan de Letrán y casas contiguas, un colegio de Niñas Educandas para facilitar por medio de una instrucción tan oportuna como en semejantes casas se logra los adelantamientos espirituales y temporales que  su paternal amor de sea a todo este vecindario. Y necesitándose para este efecto  traer la pared de dichas casas por línea recta hasta que mire su extremidad por otra ygual línea a la esquina superior de dicha Herrmita…”.  (AMMo. [SAC], Tomo 29, Año 1774, pp. 78r-v.)
    Para la construcción del inmueble se precisaba bastante terreno, el cual se consiguió del espacio que ocupaba la llamada Casa del Santero de Jesús y por otro, de dos edificaciones de pequeño carácter que existían enejas a esta anterior, las cuales debían de adquirir de la venta del antiguo Hospital de Peregrinos. Del mismo modo para sufragar las obras de demolición y construcción de estas edificaciones se emplearía el dinero de algunas Obras Pías dedicadas al sustento de huérfanas y de religiosas pobres establecidas en Montoro.
    El 27 de marzo de 1764, don Juan Antonio del Peral se dirigió al Concejo montoreño para que le permitiese enlazar la pared del edificio de Niñas Educandas con la ermita de Jesús Nazareno, cegando una de sus puertas principales. El Ayuntamiento accedió a ello, y gratuitamente le concedió terreno y permiso para que lograse dicho objetivo. Además el Cabildo en vista a dicha solicitud decidió entregar una porción de terreno de gran importancia para que se utilizase en el nuevo emplazamiento del Convento.
    El Obispo de Córdoba accedió a la petición del vicario a fecha 30 de marzo de 1764, otorgándole a don Juan Antonio del Peral y Buenrrostro el poder suficiente para que utilizase el ensanche del edificio, la Casa del Santero, una casa comprada de lo que resultase de la venta del Hospital de Peregrinos y el terreno que cedió el Regimiento de Montoro para este fin.
    Las obras del edificio se dilataron durante más de dos años, puesto que en una misiva remitida a 5 de abril de 1766 por el Prelado cordobés, se instaba al vicario que mandase el plan de las obras del Colegio y que se propusiese a su vez un informe completo sobre la cuantía de los arbitrios que se iban a emplear para concluir el mismo.
    Tras esta carta, del Peral y Buenrrostro se percató que podía construir un edificio mucho más amplio que el proyectado en un principio, despachando con don Francisco Mexía de la Cerda, Marques de la Vega de Armijo, la donación de una parte de tierra que éste poseía perteneciente al mayorazgo del marquesado inmediato a esta fundación benéfica. Esta gestión parece que llegó a buen entendimiento, pues el 25 de abril de 1766, el escribano don Alfonso Ortiz Méndez de Sotomayor puso en conocimiento de este religioso que el Marqués cedía para el Colegio una porción de cinco varas y cuarta de largo, unas tres cuartas de ancho que componen en total unas nueve varas superficiales, además de una corta parte de otra de las casas que pertenecían a este noble junto con un amplísimo corral. Todo esto le fue informado al vicario por el apoderado del Marquesado de la Vega de Armijo, don Luís de la Cerda, vecino de Córdoba.
    La ejecución del nuevo edificio concluyó en torno al 16 de junio de 1766, ya que ese día visitaron las obras el señor don Juan Antonio Carrascal Velliz, secretario del Obispado de Córdoba; don Juan Antonio del Peral y Buenrrostro, vicario de Montoro; y el maestro de las obras, don Francisco de Aguilar.