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El fundador del colegio

   Don Juan Antonio del Peral, fundador de este Colegio o Convento de Niñas Educandas, nació el 13 de noviembre de 1730 en la vecindad de Cañete de las Torres fruto del matrimonio contraído entre Juan Antonio del Peral y BuenrostroJosé del Peral y Buenrrostro y Juana Francisca Zúñiga Abarca y Coca. Hizo numerosa gestiones en Montoro como la construcción de nueva Casa Tercia, Construcción del triunfo a San Rafael en la parroquia de San Bartolomé, nuevo Posito, portador de una llave de la insaculación, Colegio de Educandas, desarrollo del Catastro de Tomas López, etcétera. Algunos de los cargos que desempeñó don Juan Antonio del Peral y Buenrrostro a lo largo de su vida fueron los de Calificador del Santo Oficio, Beneficiado de Castro del Río y Espejo, Examinador Sinodal del Arzobispado de Sevilla y de Astorga, y Prebendado de la Santa Catedral de Córdoba.
   Don Juan Antonio del Peral también se hizo cargo de trasladar y dirigir las obras del hospital de Jesús Nazareno pues algunas de sus partes se habían desplomado. Este deterioro provocó que a fines de la década de los setenta del siglo XVIII, trasladase a la nueva obra a los ancianos y enfermos ingresados en este inmueble. Intuimos que ayudó don Pedro del Cerro en el planteamiento de la nueva capilla del Hospital, en la sala donde se instalarían las religiosas, en el diseño del aljibe, obras del coro, y el la proyección de su sepultura en el interior del templo. De ahí que el 18 de enero de 1777 escribiese una carta al Cabildo eclesiástico de Córdoba, pidiendo la exención de algunas de sus obligaciones cotidianas pues tenía que atender la flamante fundación del Colegio de Niñas Educandas, la reforma de la parroquia de San Bartolomé y el traslado de los enfermos.
   Don Juan Antonio del Peral y Buenrrostro falleció el 30 de noviembre de 1802. No sabemos que fue la enfermedad que ocasionó la muerte del religioso, pero todo parece indicar que fue una muerte súbita según consta en la sesión capitular del 3 de diciembre del mismo año: “…por haber fallecido repentinamente el señor don Juan Antonio del Peral y Buenrrostro, vicario, juez eclesiástico de las Iglesias de esta villa, como al toque de oraciones del día treinta de noviembre próximo…”. (AMMo., [SAC.], Tomo 38, Año 1802, p. 346r.). En esta se hace un auto para que el albacea testamentario del religioso devuelva la llave al consistorio del arca de la Insaculación, pues al tener la misma tres llaves no podían celebrar la elección de nuevos cargos.  Al final el nuevo vicario, don Juan Antonio Canales, recibió el cargo de sucesor del fallecido pasando a abrir el arca el 6 de diciembre del año en cuestión.
   Desde entonces el sustento económico de dicho inmueble procedía principalmente de las rentas que don Juan Antonio del Peral le asignaba de su propio haber, aunque también se nutrió de otros donativos provenientes de vecinos pudientes, sobre todo si don Juan Antonio los asistía en la redacción de su última voluntad. En la doceava pregunta del interrogatorio de Tomas López de 1792, el vicario hizo constar la existencia de un Colegio de Niñas Educandas en la localidad, “…donde las internas reciben gratuitamente clases públicas, enseñándose a leer, escribir, coser, bordar y demás haciendas propias del sexo…”. También hace hincapié en que aprendían también las reglas básicas de la vida civil y cristiana.
   Se encuentra sepultado, por petición suya testamentaria, en las espaldas de la ermita de San Juan de Letrán con una sencilla lápida que refleja que descansan los restos del Ilustre vicario y fundador del Colegio de Niñas Educandas.